«¿Cuál me llevo?» es, con diferencia, la pregunta que más escuchamos en el mostrador cuando llega el buen tiempo. Y casi siempre viene seguida de otra: «es que hay muchísimos». Es verdad. Solo en nuestra estantería de solares hay fluidos, sprays, brumas, sticks y cremas, y todos parecen prometer lo mismo. La buena noticia es que elegir bien no tiene misterio si te haces tres preguntas antes de comprar: qué número de protección necesitas, qué textura te vas a poner a gusto y para qué zona del cuerpo lo quieres. Te lo contamos igual que te lo contaríamos en la farmacia, sin prisa y sin tecnicismos.
El número SPF: qué te dice de verdad
El SPF (factor de protección solar) indica el nivel de protección frente a la radiación UVB: a más número, más protección. En la práctica, en el mostrador trabajamos casi siempre entre SPF 30 y SPF 50+, y para la cara solemos ir directos al 50, sobre todo si tu piel es clara o enrojece enseguida al sol.
Un detalle que mucha gente no mira: busca también en el envase el círculo con las siglas UVA. Significa que el producto protege además frente a ese otro tipo de radiación, que también llega en días nublados. Y otro más: el símbolo del tarrito abierto con un número (6M, 12M…) te dice cuántos meses se conserva el producto una vez abierto. Ese bote empezado del verano pasado, salvo que lo hayas comprado hace poco, mejor jubilarlo.
La textura decide si te lo pondrás o no
Aquí va una verdad de mostrador: el mejor protector solar es el que te vas a aplicar de verdad, todos los días. Si la textura te resulta pesada o te deja la cara blanca, acabará en el cajón. Por eso preguntamos siempre cómo es tu piel y qué sensación te gusta.
Para la cara, si buscas algo que no se note y funcione bien bajo el maquillaje, el Fluido solar facial SPF 50 oil-free, 50 ml es de los que más recomendamos: textura ligera, se absorbe rápido y no deja rastro blanco. Para el cuerpo, un formato en spray como el Aceite solar seco en spray SPF 30, 150 ml hace que reaplicar sea cuestión de segundos, que al final es lo que marca la diferencia en un día de playa o de terraza.
Cara, cuerpo y las zonas que todo el mundo olvida
No es capricho que existan formatos distintos: la piel de la cara agradece texturas más cuidadas, el cuerpo pide formatos rápidos de extender y luego están esas zonas pequeñas que se quedan sin protección un verano tras otro. Orejas, nariz, labios, cicatrices, lunares, el empeine, la raya del pelo… Para todo eso existe el formato stick: el Stick solar en barra SPF 50+, 12 ml cabe en cualquier bolsillo y te permite repasar esas zonas sin mancharte las manos. Es el típico producto que, cuando lo pruebas, ya no sueltas.
Cómo aplicarlo para que cumpla
Puedes llevarte el mejor solar de la estantería y que no te sirva de mucho si la aplicación falla. Estos son los despistes que más vemos, y que más fácil se corrigen:
- Quedarse corto de cantidad. La mayoría de la gente aplica menos de lo que toca. Sé generoso: mejor que sobre.
- No reaplicar. El solar no es un tratamiento de una vez al día: reaplica cada dos horas aproximadamente, y siempre después del baño o de sudar mucho.
- Olvidar orejas, empeines, nuca y labios. Son las zonas que más se repiten cuando alguien viene enrojecido.
- Confiarse los días nublados. La radiación también llega con nubes; si vas a pasar el día fuera, protégete igual.
- Usar el bote del año pasado. Revisa el símbolo del tarrito abierto: si el producto lleva abierto más meses de los que indica, no te está protegiendo como debería.
Y si tienes dudas, pregúntanos
Cada piel es un mundo: no es lo mismo una piel grasa que una reactiva, ni un paseo diario que una jornada de playa. Si no tienes claro qué SPF o qué textura te encaja, tráenos tus dudas (o el bote que estás usando) y lo miramos juntos. Pásate por la farmacia o escríbenos por WhatsApp: te contestamos desde el mostrador y te ayudamos a elegir el solar que sí vas a usar.
